Liderazgo y contexto

Cristo nos animó con un ejemplo de sacrificio sin límites. Este testimonio pareciera resignificarse en un contexto como el actual. Nuestros liderazgos requieren atender a necesidades básicas como la escucha, la acogida, el servicio y la mirada misericordiosa. Es vital irradiar un liderazgo humanizador en medio de crisis sociales, valóricas y sanitarias.

El ejercicio evangelizador de atender con dedicación y disposición a nuestras niñas y niños subraya no sólo un estilo de liderazgo, sino que profundiza una mirada cristiana atenta al dolor y la carencia. Esta mirada sensibiliza, dignifica, personaliza: al margen queda todo intento homogeneizador y toda práctica estandarizante que tienda a ocultar la vida de cualquier persona. Cristo estuvo donde tenía que estar. ¿Dónde estamos nosotros? ¿Qué nos llama en estos tiempos de crisis?

El ejercicio de la potestad debiese levantarse y valorarse sobre el diálogo simétrico. Nuestra sociedad ha descuidado este principio. Probablemente, algo hay de este descuido en las demandas que se derraman en paredes y calles.

El liderazgo es dinámico y adquiere sentido en cada contexto. Lo anterior nos lleva a mirar con distancia panaceas y recetas. Es necesario conocer nuestros contextos, sondear y explorar las vidas de nuestras comunidades con el fin de visibilizar rostros, vidas y ansiedades silenciadas. Lo expuesto nos lleva necesariamente a desvestirnos de prejuicios, arrogancias y monofonías.

La actitud del Padre que no condena, que acoge abriendo sus brazos y ama desinteresadamente pareciera ser el paragón para modelar un liderazgo personalizador y transformador.

Johnny Ascencio Arce.

Rector de la Fundación Educacional Nuestra Señora de Ayquina

Calama

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