MONSEÑOR ZUBIETA, DEJÓ PLENAMENTE A DIOS, SER DIOS, EN ÉL

He disfrutado mucho con lo escrito por las hermanas acerca de Nuestro Padre Fundador. Todo es agradecimiento a Dios, por su vida, sus obras, misión etc. Me uno a esa gran cadena de acción de gracias, desde el fondo de mi alma.

¡¡ Gracias Padre Dios, gracias por esa vida llena de luz, que transmitía a toda persona que se acercaba a él!! ¡¡ Gracia por Monseñor Zubieta. Padre Ramón, desde niño sentiste el fuego del espíritu en tu corazón. Dijiste “Yo será misionero porque la Virgen lo quiere”. Y así fue. Dios iba manteniendo tu deseo, con su gracia, haciéndote cada vez más dócil a sus DONES y más fuerte en la fe, como preparación para ser un entregado misionero y fundador.

La Virgen fue siempre tu guía e imitando su vida, también dejaste a Dios, SER DIOS, EN TI. “… y oí la voz del Señor que me decía: ¿A quién enviaré y quien irá por mí? Entonces respondí: “aquí estoy; envíame a mí”. (Is. 6.8)

Con tu talante alegre y tu vida interior, te identificaste con Jesús, en la conformación de su voluntad con la del Padre, para trabajar por su Reino. Sencillo, con una profunda vida de oración, te acercabas, siempre que te era posible, a estar ante Jesús sacramentado. De ahí sacabas fuerza para la lucha de la vida diaria, afrontando con entereza, los problemas que surgían. “Con que ya sabéis: la lucha está entablada…” “Tened mucho ánimo; SIEMPRE ESTARÉ ENGOLFADO EN DIOS, Y SI QUEREIS ENCONTRARME Y PENSAR EN MI PENSAD Y ENGOLFAOS EN DIOS.”

Padre, eras muy amante de la Iglesia, de la iglesia misionera y de la Congregación, la que contemplabas con cariño. “Miro vuestra obra como de Dios; tengo una fe grande en ella” “Mi espíritu siempre os acompaña, pero hay momentos que le pido a Nuestro Señor, que os sintáis como si yo estuviera presente para animaros y fortaleceros. Y creo que Dios me oye…” Nos invitas Padre Zubieta, como digno hijo de Domingo de Guzmán, a hablar con Dios de los demás y a los demás, hablar de Dios. ¡Gracias!

En el Centenario, de tu ida al Padre, te pido que sigas intercediendo por nosotras. Que no defraudemos tus sueños y los de Dios, al llamarnos para ser sus testigos.

¡Gracias Padre y, a M. Ascensión! Que desde el primer momento estuvo al frente del grupo. Admiramos la completa identidad, el mutuo entendimiento y el total apoyo que existía entre los dos. ¡Gracias! Nos dejasteis una buena herencia: la Congregación de Misioneras Dominicas del Rosario.

Isabel Gutiérrez

Comunidad de Acogida de Madrid.

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