Bajo la Estrella de Domingo: Mi Peregrinación de Luz y Verdad

Hay una estrella que brilla no solo en el cielo, sino también en los corazones de quienes recorren el camino dominicano. Es la misma estrella que, según la tradición, iluminó la frente de Santo Domingo en su bautismo, señal de la luz que traería a un mundo ensombrecido por la ignorancia y la desesperación. Como dominico, he llegado a comprender que esta estrella no es solo un símbolo de su santidad, sino una brújula para mi propio camino: una peregrinación de luz y verdad.
La Estrella que Me Llamó
Mi vocación no comenzó con un trueno ni un fuego, sino con una silenciosa inquietud: el anhelo de algo más que comodidad o éxito. Como los Reyes Magos, seguí una luz que no podía nombrar, atraído por un anhelo de significado. Con el tiempo, descubrí que esta luz tenía un nombre: Veritas, verdad. Y tenía un rostro: el rostro de Cristo, reflejado en la vida y misión de Santo Domingo.
El legado de Domingo: Una vida de iluminación
Santo Domingo no se conformó con medias verdades ni respuestas superficiales. Buscó la verdad con todo su ser y la predicó con compasión y claridad. Caminó, lloró, oró y enseñó. Fundó no solo una Orden, sino un estilo de vida: una forma de estar en el mundo a la vez contemplativa y apostólica, arraigada en el estudio y ardiente de amor.
Ser dominica es vivir en esa tensión: entre el silencio y la palabra, entre el claustro y la calle, entre el misterio de Dios y las necesidades del mundo. Es vivir bajo la estrella de Domingo, dejando que su luz guíe cada paso.
Mi peregrinación: Un camino de transformación
Mi propio camino dominicano ha estado marcado por preguntas más que por respuestas, por la gracia más que por la certeza. He estado en aulas y capillas, en barrios marginales y santuarios, intentando predicar no solo con palabras, sino con presencia. He luchado con la duda y he danzado con alegría. He aprendido que la verdad no es un arma, sino un don que debe ofrecerse con delicadeza, humildad y esperanza.
Cada día, regreso a la estrella. Me pregunto: ¿Estoy caminando bajo su luz? ¿Estoy ayudando a otros a ver a través de ella? ¿Me estoy convirtiendo, de alguna manera, en lo que Domingo fue: un portador de luz en un mundo oscurecido?
Una luz para el mundo
En tiempos de confusión y ruido, el carisma dominicano es más necesario que nunca. Estamos llamados a ser predicadores, no de ideología, sino del Evangelio. Estamos llamados a estudiar, no por prestigio, sino por servicio. Estamos llamados a amar la verdad no como un ideal abstracto, sino como una persona viva, como Cristo mismo.
Caminar bajo la estrella de Domingo es caminar con propósito, con valentía y con alegría. Es creer que incluso la luz más pequeña puede penetrar la noche más profunda.
Por Florinda Fernández
Noviciado Continental de Asia
Ciudad de Quezon, Filipinas.

