Carta a Madre Ascensión Nicol

Querida Madre Ascensión, χαῖρε κεχαριτωμένη ¡Alégrate, llena de gracia! Hail, full of joy. ¿Cómo está? Espero que se encuentre bien. Yo me encuentro bien, gracias a Dios, con mis estudios y formaciones. Le escribo esta carta para contarle algo tan misterioso y glorioso que he descubierto en este momento. Ahora estoy en León para realizar mis ejercicios espirituales y continuar con la formación. Desde aquí, en León, he escuchado muchas cosas sobre usted y sobre su testimonio del Evangelio a los pobres. Me dijeron que dejó su zona de confort en Huesca porque escuchó los gritos y sufrimientos de los nativos en Maldonado, con su ejemplo y sacrificio. Madre la saludó con el Magníficat de María: “Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador.”

Madre, le quitó un momento para contarle mi historia, si le parece bien, porque tengo mucha alegría al hablar con usted. Hoy por la mañana, dando una vuelta por nuestra casa, he visto muchas cosas maravillosas. He sentido la presencia del espíritu de mis hermanas mayores que estuvieron aquí antes. He visto sus sacrificios, sus obras, su compromiso, su fidelidad y su amor al Señor en este lugar. Esta casa, las plantas, los árboles, la capilla y todas las cosas que están dentro de ella son su testimonio vivo. Me encanta estar aquí en León. Desde aquí, quiero dar gracias a nuestras hermanas que prepararon este lugar para nosotras. Por favor, saludos y abrázalos de mi parte.

Querida Madre, Tengo muchos deseos y también miedos. Y el deseo más profundo de mi corazón es ser una buena misionera, íntegra; una misionera totalmente unida a Cristo, para amarlo y servirlo en los pobres hasta el extremo, con toda mi vida. ¿Sabe lo que está pasando ahora en nuestra tierra? Muchas cosas… El número de personas que pasan hambre aumenta cada día. También crecen los desempleados, las injusticias, los inmigrantes sin apoyo, los pobres, los que no tienen hogar. Falta educación para los más necesitados, y faltan hospitales para quienes no pueden sostenerse por sí mismos.

Cada día, en mi camino, escuchó los clamores de los pobres, y la soledad de los ancianos me distrae y me quita la paz de mi conciencia a cada momento. Hay muchas violaciones de poder y abusos sexuales. Las mujeres han sido víctimas de estas violencias en varias partes del mundo. Siento la tristeza de los enfermos que no tienen a nadie que los cuide, y también me duele por la crisis de vocaciones sacerdotales y religiosas. Muchos países sufren a causa de la guerra.

Y nuestra madre tierra también está sufriendo profundamente por causa de nuestra hambre insaciable de poder. A veces he intentado no escuchar estos ruidos y clamores. Pero cuando cierro mis oídos, mi conciencia me habla con fuerza: “Estos ruidos y clamores son la voz de tus hermanos y de la madre tierra que están sufriendo.” Tengo un profundo deseo de ser una buena hermana para los jóvenes perdidos, una maestra humilde y generosa para los pobres, una servidora paciente para los ancianos, y ser fiel a Cristo en nuestra congregación. ¿Qué le parece, Madre? Pero también tengo miedo… Miedo de que las cosas del mundo o las tentaciones del materialismo me aparten del amor y la fidelidad a Cristo. Lo único que deseo en este mundo es su amor y su compañía. Tengo miedo de no hacer lo que Él quiere, y de dejarme llevar por lo que el mundo me ofrece.

Querida Madre, he hablado mucho… y ahora quiero escucharte a ti y saber más de ti. Si te parece bien, ¿me podrías contar algo sobre cómo pasaste las dificultades, los sufrimientos, las tentaciones, las pruebas y las tribulaciones? ¿Qué puedo hacer yo para ser fiel a Cristo hasta el final? ¿Cuál era tu manera de contemplación y oración? ¿Quién fue tu fuente de espiritualidad?

Madre, extraño escuchar tu voz de calma, paciencia y amabilidad. Quisiera abrazarte con el amor de Cristo y besarte como tu hermanita. Para cerrar esta carta, quiero pedirte que por favor recen por mi familia: mis padres, mis hermanos, por nuestra congregación, especialmente por nuestras hermanas del Consejo General, por todas las hermanas en todas las provincias, por nosotras que estamos en formación, para que perseveremos con fidelidad y alegría en este camino.

¡Te quiero mucho!

Con saludos cordiales,
Rosaria Aurea Ximenes
Tu hermanita
Juniorado congregacional de Aldaya

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