Querida Madre Ascensión Nicol,

Con humildad y el corazón abierto, me dirijo a ti para compartir los sueños y miedos que hoy habitan en mi interior, buscando luz y consuelo en tu vida entregada a Dios y a los más pobres.

Reconozco mis limitaciones, marcadas por debilidades y fracasos, pero con un anhelo profundo de seguir a Jesús como tú lo hiciste: con pasión, entrega y fidelidad. Quiero ser instrumento de su amor entre los más necesitados y vivir el carisma misionero que tú y Monseñor Ramón Zubieta encarnaron con tanta valentía.

Sueño con una entrega generosa, con una vida comunitaria donde reine la sororidad y donde la sinodalidad se viva en cada paso como un estilo de caminar juntas y de diálogo. Deseo ser una mujer de Dios que camine con alegría y serenidad, que escuche con el corazón y que aprenda cada día a ver en los más pequeños el rostro de Cristo sufriente.

Pido a Dios la fortaleza y el coraje para enfrentar los desafíos de la vida, superar mis miedos y acoger cada emoción desde la confianza en Él. Como tú lo hiciste, creo que el Señor marcará mi camino incluso cuando no vea con claridad hacia dónde me lleva.

Querida Madre Ascensión, tú que caminaste en sinodalidad, que supiste escuchar a Dios en la oración, en la comunidad y en la creación, enséñame esa misma actitud de escucha profunda. Enséñame a vivir con firmeza y ternura. Ayúdame a confiar plenamente en la voluntad de Dios, aun en medio de la oscuridad, la incertidumbre, el miedo o el cansancio.

Hoy, en este mundo tan necesitado de profetas de esperanza y testigos del Reino, te pido que intercedas por mí, que camines a mi lado. Con la gracia de Dios, quiero continuar este camino con fidelidad y alegría. Sé que no camino sola, porque tú me acompañas y el Espíritu sigue actuando con fuerza en los corazones que se abren a su voluntad.

Con cariño y gratitud,

Tu hija,

Felizarde Mariana Dos Santos

Compartir esta publicacion