Estimados Fundadores
- Hnasmdro
- septiembre 11, 2025
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Permítanme saludarlos en la paz de Cristo, con la confianza de que ya gozan de su patria celestial.
Al mismo tiempo, deseo expresarles mi profunda gratitud por sus vidas, dedicadas por completo al servicio de los más pobres. Gracias por esta dedicación: su legado perdura hoy en todo el mundo, pues han tocado el corazón de las hermanas y los cristianos que siguen hablando de ustedes en sus escritos, para que su nombre sea conocido de generación en generación. Queridos Padre y Madre, yo, en particular, ya había oído hablar de ustedes antes de entrar en el convento. Pero hoy, al escuchar de nuevo sus historias, siempre aprendo algo nuevo que me conmueve y me fortalece. Estoy convencida de que su vida es un verdadero ejemplo para quienes se comprometen con la vida misionera. No pueden imaginar la alegría que me dan y cuánto anhelo poder hablarles personalmente. Pero, como no puedo, estoy seguro de que, por la fe, me escuchan. La historia de su vida me enseña cada día que en esta vida no solo hay rosas, sino también espinas. Además, queridos padres, cuando escucho hablar de sus dificultades y pruebas, mi corazón se llena de mezquindad, impotencia y miedo. Y al mismo tiempo me pregunto:
¿Dónde encontraste la fuerza para perseverar y continuar?
Me gustaría que me contaras sobre tu encuentro con Dios en momentos difíciles. Ahora que Dios ha despertado en mí la gracia de la vocación para vivirla dentro de la Congregación que fundaste, quiero expresarte mi agradecimiento por las muchas oportunidades que me brindas, especialmente durante esta etapa de formación. Como amiga, me gustaría compartir mis sueños y miedos, lo que surge en estos momentos. Sé que no soy perfecta; reconozco mis debilidades, que a menudo me impiden cumplir la voluntad de Dios. A pesar de ello, deseo ser testigo del Evangelio con mi vida, tanto dentro como fuera de la comunidad, porque eso es lo mejor que puedo ofrecer. Sueño con dejarme moldear por Dios cada día, con descubrir lo bueno que hay en mí. Sueño con comprender y vivir profundamente nuestro carisma como don del Espíritu, tanto en la comunidad como en las misiones, al servicio de los más pobres. Quiero orientar mi vida como un proceso, abierta al cambio, dispuesta a aprender, a desaprender y también a enseñar.
- Yo sueño una comunidad de hermanas que se aman a pesar de sus limitaciones; una comunidad donde reinan la unidad, la corrección fraterna, el amor y la aceptación mutua. Tengo la esperanza de que cesen las guerras y que la paz reine en los corazones de quienes la necesitan.
- Sueño con comunidades más inclusivas, que vivan un auténtico espíritu sinodal, caminando juntos hacia un ideal de paz y justicia.
- Sueño con una comunidad que luche contra la corrupción y el racismo, donde nadie se sienta excluido.
- Tengo el sueño de que quienes no creen en Dios hoy, algún día creerán. Sin embargo,
Yo también tengo miedos:
- a perder la presencia de Dios en mis palabras y acciones,
- Temo que un día no llegue a vivir según nuestro Carisma,
- Tengo miedo de arriesgar mi vida por los pobres,
- Miedo de estar donde no hay paz,
- Miedo a no vivir mi compromiso con humildad.
Queridos padres, si ésta es la voluntad de Dios, ¿quién soy yo para resistir?
Que se haga su voluntad, no la mía. Como me conoces bien, te pido sinceramente que me enseñes el camino a seguir.
Con mucho cariño recibe mi abrazo.
Tu hija y tu hermana,
Rosaria Nafeca Enoque Luciano
