Pasos que siguen los caminos de una estrella

Una gran sed te empujó Madre a ponerte en camino. Sed de compartir lo que llenaba tu corazón: el encuentro con Dios vivo, el encuentro con Jesús. Madre de compasión y de ternura, tu mirada se dirigió hacia Ramón Zubieta y diste tu mano para dejarte acompañar hasta la Selva Peruana donde encontraste a Dios vivo en medio de tanta mujeres y niñas marginadas que necesitaban una luz para guiar sus pasos y darles una nueva esperanza de vida: por tu presencia y amor intentaba cada día a responder sin miedo, con coraje y la fuerza de renovar con tus compañeras de camino.

Hoy sigo tus pasos, buscó responder de alguna manera la llamada hacia lo más pobre de nuestra sociedad. Te confío mi camino, ayúdame a responder, a dar una respuesta adecuada a cada misión en que estaré llamada a cumplir, que a tu ejemplo entiendo a la gente, a mis hermanas con quien comparto el camino para que vivamos con amor y seamos testigos de vida, de comprensión, de compasión y de atención mutua. ayúdame a luchar contra todo tipo de materialismo en mí que podrá ser un freno por el anuncio, emancipación del otro, para vestirme de la ropa de colaboración, que permite encontrar la luz interior de cada persona.

Por tu intercesión acompañarme, que nuestra Madre, la Santa Virgen María me da los ojos para encontrar, leer la necesidad de la gente como a Caná de Galilea y ayudar estos a hacer confianza a Jesús que ama, abraza, acoge todas personas sin distinción.

Gracias por entenderme, espero que tu ayuda sea la más adecuada si confío en ti.

 MARIE EDITHE ALDAYA

Compartir esta publicacion