La libertad es poder actuar sin que nos impongan nada desde fuera. Todos la deseamos y sufrimos cuando sentimos que nos controlan. Podemos hablar de varios tipos de libertad, pero una muy importante es la libertad interior: poder decidir, querer, hacer, decir, consentir… o no. Muchas veces creemos tener esa libertad, pero no siempre es así. Cuando sentimos que alguien invade ese espacio personal, se produce dentro de nosotros una lucha, una guerra interior. La libertad es la que nos mueve y orienta nuestra vida hacia lo que creemos que es lo mejor. En nombre de esa libertad tomamos decisiones y construimos nuestro futuro, aunque a veces nos equivoquemos. Si después llega algo negativo o doloroso, pensamos que nuestra libertad nos ha fallado. Creemos que solo nosotros decidimos, y cuando aparece algo inesperado o no deseado, nos sentimos hundidos. Entonces surge la duda: ¿dónde está mi libertad?, ¿cómo la recupero?, ¿cuándo dejé de ser libre? Porque, aunque decido libremente, si me equivoco también soy responsable de las consecuencias.
Fui creada libre, pero soy yo quien decide mantener o perder esa libertad. La lucha por ella nace dentro de mí, aunque a veces también venga de fuera. Si alguien me la arrebata, debo defenderla. Y si yo intento manipular la libertad de otros, al final termino luchando contra mí misma. Dios ve todo lo que hago y decide, pero respeta siempre mi libertad. Aunque me equivoque muchas veces, Él sigue siendo paciente. Nos creó libres, y no cambia. Él es la verdadera libertad. Elvira Fernández Barañáin, septiembre de 2025