Vivimos en un barrio que está justo en las afueras de la ciudad de Quelimane, Chirangano, donde tenemos nuestra casa y también a menos de 1 km de distancia está nuestro Centro de Solidaridad. Este centro significa para nosotras y para nuestra gente un signo de esperanza. En él muchos dieron los primeros pasos para hacer realidad sus sueños. Aprendieron y se comprometieron a dar muchos frutos para toda la vida.
Desde la alfabetización, la costura, la informática, la escuela, la biblioteca, el punto de saber, etc. El centro ha ido generando niños con voluntad de perseguir sus sueños, hombres y mujeres de referencia en la sociedad y capaces de afrontar la vida con esperanza. Después de un ciclón devastador, la infraestructura se “debilitó”, sin embargo, la esperanza es la última en morir, como dicen aquí. Este testimonio es tan cierto que la voluntad de luchar es mayor y el centro continua a ser, mismo que de forma limitada, un signo de esperanza. Las clases de costura, la escuela y la biblioteca han tenido más adherencia. Y esta Voz, siempre correcta, nos dice en nuestro interior: “¡ Yo estoy con vosotras!” Y sabemos que Él está… y por esta Presencia vale la pena permanecer aquí, tejiendo esperanza con este pueblo (Hna. Clara).