No se puede ser de Dios sin ser de los otros

De Lima para el mundo, 144 comunidades repartidas por los cinco continentes. Están en Angola, Camerún, Mozambique y la República Democrática del Congo; están en China, Filipinas, India, Taiwán, Vietnam y Timor Oriental; están en Bolivia, Chile, Ecuador, Guatemala, México, Perú, Puerto Rico y República Dominicana; están en Australia; están en España y Portugal. Están donde nadie más quiere estar, están donde más se necesitan.

Siguen, desde 1918, la voz de D. Ramon Zubieta y de la Madre Ascensión Nicol, siempre a la escucha del grito de los más flacos, de los más pobres, de los marginalizados, de las víctimas de la injusticia y, en particular, de las mujeres.

Son Misioneras. “Mujeres creyentes, unidas por el sueño de Jesús, de una humanidad reconciliada. Acrediten en la fraternidad universal y que es posible construir otro mundo a partir de la diversidad y de la riqueza de cada pueblo, comunidad y persona”, y por eso viven en pequeñas comunidades que comparten vida y misión.

Son Dominicas. Buscan “la comunidad fraterna, a través del estudio y de la oración, las luces necesarias para descubrir la presencia de Dios en medio de nuestra realidad, reconociendo los signos de la vida y las sombras que atraviesan nuestra humanidad herida. Es la Palabra de Dios la que alimenta su compromiso con el Reino e impulsa iniciativas y proyectos”.

Son del Rosario. “En María, reconocen a la fiel discípula, la mujer que trabaja y ora, que construye la fraternidad, disponible, que se deja amar.” Inspiradas por María, hacen del amor al otro el centro de sus vidas.

Como dice la Hermana Deolinda, “No se puede ser de Dios sin ser de los otros”.

Y por eso, por donde pasan dan todo. Por donde pasan se dan. Dan inclusive la propia vida.

Por donde pasan, calzan el zapato del Otro y recorren con el Otro y su camino.

Por donde pasan, luchan por la justicia, por la paz, por los derechos humanos y por la igualdad.

Por donde pasan, construyen puentes entre Dios y los hombres y entre los propios hombres.

Por donde pasan, siembran coraje, esperanza y luz y hacen nacer proyectos en el área de la educación, de la salud, de la promoción social y de la valorización cultural.

También han pasado por los Barrios 6 de Mayo, Fontainhas y Estrela d’África (barrios que actualmente solo existen en el corazón de los que ya vivirán y crecieran) y han hecho de estos barrios su casa. Recorrieron por los callejones estrechos, para alargar los horizontes de los que aquí vivían. Aquí han empoderado mujeres, enseñando a leer, a escribir, a costurar, a ser autónomas. Aquí han sido (¡y aún son!) puerto de abrigo y como muchos niños que, después de crecer en ellos, confiaron a sus propios hijos. A los jóvenes les han dado herramientas para que sus sueños fuesen del tamaño del mundo y no solo del tamaño de la casa minúscula o del barrio en que vivían. Enseñaran a soñar sin fronteras. Cuidaron de los mayores, valorizando sus saberes, sus oficios y la experiencia de vida, procurando hacer de la Tercera Edad una Mejor Edad.

Por donde pasan, quedan. Quedan en las palabras ditas, en las obras construidas y en el corazón de los que, en algún momento de sus vidas, fueron tocados por su presencia. Y fueron tantos, tantos, tantos.

Damaia, Portugal

Maria Isabel Gomes Cunha (Bela)

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