MI PRIMER AMOR: LUBANGO

Yo, Beatriz, novicia del segundo año de la Congregación de las Hermanas Misioneras Dominicas del Rosario, en mi estadía en Lubango he realizado los servicios que me fueron confiados en la comunidad, en la escuela y en la iglesia de San José.

Así como nuestros fundadores dejaron sus tierras y lo dejaron todo atrás por la tierra de Maldonado, yo también dejé Viana hacia Lubango para poner en práctica lo que recibí durante mi formación de noviciado, a pesar del cansancio del viaje y otros desafíos que he encontrado durante mi experiencia.

Cuando llegué a la comunidad del postulado el 17 de septiembre de 2025, las hermanas me recibieron con canciones y palabras de bienvenida y, desde ese momento, me sentí querida y bienvenida en la comunidad, sentí también colaboración y armonía con las demás.

Durante mi periodo de prácticas he intentado vivir mi experiencia con dedicación y un espíritu de servicio en la comunidad, intentando llevar a cabo con atención, amor y paciencia los servicios que se me han confiado, a pesar de mis fallos en algunas ocasiones. También aprendí a vivir la humildad y la fraternidad en mi vida diaria, prestando atención a mis hermanas y procurando ayudar como hizo Madre Ascensión Nicol en su comunidad. Así como la primera preocupación de nuestros fundadores era la educación de mujeres y niños, yo también seguí esta preocupación participando en la educación de los niños, enseñando francés, intentando enseñar con paciencia, humildad y responsabilidad. Sin embargo, no fue fácil, tuve muchos retos como los caprichos y el ruido de los niños que son normales, porque somos conscientes de que aprender un idioma nuevo como el francés, con tantos idiomas que ya tenemos, es complicado. La prueba es que yo misma pasé por este tipo de situación con la lengua portuguesa, pues soy congoleña.

En ese mismo periodo, también participé en la evangelización de los fieles de Lubango, especialmente en la capilla de San José, donde trabajé con diferentes grupos, especialmente con jóvenes y adolescentes que tienen a San Carlos Luanga como santo patrón, ayudando en la liturgia de misas semanales y dominicales y en muchas otras actividades de la capilla. No fue fácil, especialmente con los jóvenes de mí misma edad, necesitaba mucha paciencia, perseverancia y espíritu de misión, pero eso es lo que se llama misión.

Por último, conocer nuestro carisma que es: “Evangelizar a los pobres en esas situaciones misioneras donde la Iglesia más nos necesita”, conocer el pasado de nuestros fundadores y la experiencia y realidad que he vivido en mi primer amor Lubango, bajo la lluvia, bajo el sol, entre las piedras, en las montañas, en las lenguas maternas desconocidas y también en las alegrías,  la felicidad, en las experiencias compartidas, todo esto me ayudó a acercarme más a Jesús y a continuar la obra y proyecto que dejaron nuestros fundadores. Me ayudó a contemplar las maravillas de Dios a través de estas rocas y montañas, a dar más sentido a mi vida como cristiana y como novicia en formación, a crecer y fortalecer mi fe, en la vida de oración de la comunidad y personal y en la fe de los hermanos y hermanas.

Por eso agradezco a las Hermanas de la comunidad de Viana por la oportunidad que me han dado para dar un paso más en mi formación y también agradezco a las Hermanas de la comunidad Ramón Zubieta por su bienvenida y orientación durante mi pasantía y a todas las que me ayudaron en este camino.

Novicia Zobo Beatrice Gisele

Comunidad Padre Ramón Zubieta, patrono del Postulantado

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