Vivir la comunidad intercultural e intergeneracional

Vivir en una comunidad intercultural e intergeneracional es un don y un desafío en la vida religiosa. Con el corazón abierto y la disponibilidad de cada persona, siempre surge algo nuevo. La vida es bella cuando vivimos apoyándonos unas a otras, sirviendo con amor y abrazando las dificultades con esperanza, confiando en que todo puede salir bien.

Hoy nuestras comunidades están formadas por hermanas de diferentes países, culturas, edades y experiencias de vida. Esta diversidad nos invita a crecer en la sororidad y en el amor.

La interculturalidad nos llama a abrir el corazón, a escuchar y a respetar las diferencias. Cada hermana aporta su riqueza cultural, su manera de orar y de servir, fortaleciendo la fraternidad y el sentido de comunión.

La intergeneracionalidad nos permite caminar juntas, aprendiendo unas de otras. Las hermanas mayores comparten su experiencia, sabiduría y fidelidad al carisma dominicano, mientras que las hermanas jóvenes aportan entusiasmo, creatividad y esperanza para la misión.

Como hijas de la Beata Madre Ascensión Nicol y de Fray Ramón Zubieta, vivimos esta diversidad siguiendo las huellas de nuestros fundadores y confiando siempre en la providencia de Dios. Desde los pilares de la oración, la vida fraterna, el estudio, el acompañamiento y la misión, somos signo del Evangelio para el mundo de hoy, recordando la Palabra que nos anima:

 

“¡Qué bueno y qué agradable es que los hermanos y hermanas vivan unidos!” (Salmo 133,1)

Un fuerte abrazo

Angeles Elisea Neves de Camões
Juniorado congregacional – Guatemala

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