Cuando el alma encuentra casa: ¨ Un encuentro inesperado¨

A veces, sin saberlo, el corazón peregrino buscando un lugar donde reposar, un espacio donde las piezas rotas puedan encajar sin ser juzgadas; donde las palabras que no sabemos decir se entiendan de todos modos, donde el silencio se vuelva escucha. No siempre sabemos qué estamos buscando, pero el alma reconoce la tierra prometida cuando el señor la conduce hasta ella. Allí, el corazón aprende a habitar en paz y a confiar nuevamente

Hace un año que llegué al Perú y fui enviada a la comunidad llamada Nuestra Señora de Belén, situada en el distrito de San Clemente, en la provincia de Pisco. Al recibir esta noticia, me llenó de gozo, como María al ponerse en camino (cf. Lc 1, 39) y también de temor ante lo desconocido. El idioma, la cultura y la novedad del camino despertaron mis inseguridades. Sin embargo, sostenía en mi interior la certeza de que Dios iba delante de mí (cf. Dt 31, 8). y así fue: sin darme cuenta, Él me rodeó de rostros sinceros, de silencios que hablan más que las palabras y de gestos nacidos del amor verdadero. No había que demostrar nada, no había que correr, no había que ser otra persona que lo que ya éramos. Esta comunidad no es solo una casa, sino un lugar donde Dios abrazó mi humanidad nuevamente. Los primeros pasos no fueron fáciles. El idioma era una barrera y sentía que mis palabras no lograban expresar todo lo que llevaba dentro. Pero el señor me mostro que el amor tiene su propio lenguaje. Allí me regaló una familia, no fundada en la sangre, sino en la comunión fraterna que nace del espíritu.

Hoy, al recordar esos días, mi corazón está lleno de gratitud. Esta experiencia fue un recordatorio de que es posible vivir el proyecto de DIOS, que es la fraternidad en la sencillez de lo cotidiano, con confianza compartiendo alegrías y dificultades. Cuando las personas se abren de verdad, el alma puede encontrar su lugar, incluso en lo inesperado. Gracias a eso, hoy me siento más fuerte, más plena y, sobre todo, profundamente agradecida. Mi corazón sonríe cada vez que pienso en ellas, porque sé que he vivido algo que no se encuentra en todos los rincones del mundo: El amor y la aceptación.

Juniora Agnes Dinganga

 San Clemente/ Perú

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