UNA CUCHARA PARA LA PAZ
- Hnasmdro
- febrero 24, 2026
- Experiencias MDR
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Durante varios días en Lugo (en la región de Galicia, España), con ocasión de la campaña de Manos Unidas cuyo lema era «Declarar la guerra al hambre», he vivido una experiencia profunda de fe y compromiso compartiendo encuentros en escuelas, en el seminario mayor, en celebraciones y en momentos de oración. Estos momentos fueron especialmente conmovedores, sobre todo con los niños, generosos en su gesto de compartir y en su apoyo a los más necesitados. También tuve la oportunidad de dialogar con los medios de comunicación Radio Cope, con revistas y en redes sociales, y de participar en una mesa redonda junto al obispo Alfonso Carrasco Rouco, cuya sencillez y cercanía dejaron una huella especial.
La campaña nos invita a mirar de frente una realidad dolorosa: la falta de alimentos que afecta a millones de personas, especialmente en los países más pobres. Frente a un mundo lleno de «tambores de guerra» armadas, ideológicas, económicas o sociales se nos propone otro combate: una batalla silenciosa contra todo lo que amenaza la vida y la dignidad humana. La imagen de la cuchara se convierte así en el símbolo de esta respuesta, un instrumento sencillo capaz de alimentar la paz.
El verdadero combate no se libra con armas, sino con recursos, solidaridad y generosidad. El hambre, la pobreza y las desigualdades no son solo consecuencias de la violencia, sino también sus causas. Combatirlas es construir la paz. No puede haber paz sin justicia social, sin educación, sin instituciones estables, sin desarrollo sostenible y sin una distribución más equitativa de la riqueza. La paz no es solamente la ausencia de guerra, sino la presencia de derechos, oportunidades y dignidad para todos.
Manos Unidas asume esta visión como horizonte de su misión. A través de la Educación para el Desarrollo y de proyectos educativos, alimentarios y de promoción humana, incluso en zonas de conflicto, la organización trabaja por una paz positiva basada en la justicia y la reconciliación. Esta experiencia ha reforzado en mí la convicción de que solo afrontando las causas profundas del hambre y de la pobreza podremos construir un futuro de esperanza. La paz es posible, pero exige un esfuerzo colectivo y un compromiso decidido de todos.
¿Cómo evitar la guerra del hambre? ¿De palabras? ¿De gestos? ¿De miradas? ¿De indiferencia? ¿De deshumanización? ¿De desprecio? ¿De odio? etc.…
«La paz no es solamente ausencia de armas».
Hna. Silatchom Marie Claire
