LA CENIZA EN LA FRENTE, LA ESPERANZA EN EL CORAZÓN

El Miércoles de Ceniza marca el inicio de la Cuaresma, un tiempo especial para acercarnos más a Dios, cambiar el corazón y aprender a amar mejor.

Explicar esto a niños tan pequeños fue un reto hermoso. No hablé de penitencia con palabras complicadas. Les dije algo muy sencillo:“La ceniza nos recuerda que queremos ser mejores, que queremos querer mucho a Jesús y portarnos bien con nuestros amigos.”

Cuando llegó el momento de imponer la ceniza, cada niño se acercaba con una mezcla de respeto y ternura. Algunos cerraban los ojos con mucha seriedad; otros sonreían suavemente. En sus frentes pequeñas, la cruz parecía un abrazo de Dios.

Uno de los momentos más conmovedores fue cuando les pregunté:

—“¿Qué le quieren decir a Jesús hoy?”

Sus respuestas fueron simples, pero llenas de verdad:

—“Jesús, te quiero.”

—“Voy a compartir mis juguetes.”

—“No voy a pelear.”

—“Voy a obedecer a mi mamá.”

En esas promesas infantiles comprendí que la conversión comienza en cosas pequeñas: compartir, perdonar, obedecer, ayudar.

Mientras acompañaba a estos pequeños “angelitos”, también mi corazón se sentía tocado. Ver su sinceridad me invitó a revisar mi propia actitud. Ellos viven la fe sin máscaras, sin complicaciones, con una confianza total.

Celebrar el Miércoles de Ceniza con los niños no fue solo una actividad litúrgica; fue una experiencia profundamente humana y espiritual. Fue recordar que la fe se siembra desde los primeros años, con gestos sencillos y palabras llenas de amor.

Al final del día, al mirar sus frentes marcadas con la cruz y sus sonrisas limpias, sentí una gratitud inmensa. En esos pequeños corazones, Dios ya está obrando maravillas. Y entendí que, en la sencillez de los niños, la Cuaresma comienza con pureza, alegría y esperanza.

Therese Mbula

Comunidad El Seibo-República Dominicana

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