CORAZONES Y PIES ARDIENTES EN CAMINO
- Hnasmdro
- abril 20, 2026
- Experiencias MDR
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Resonancia de una reunión de formación en curso de la Primera Etapa de la Profesión Religiosa
Un tema que toca nuestra vida diaria y recorre toda la estructura de ser mujer, consagrada y misionera. Preguntas profundas nos han puesto en acción: detenernos, cuestionarnos, confrontarnos, despertar y tomar conciencia de la calidad de las conversaciones que hemos desarrollado en el camino de la vida y del tiempo que dedicamos a lo esencial.
En esta etapa de la vida es oportuno despertar el corazón y los pies hacia la transformación, ¡ay de mí si nada se mueve! Pasan los años y hay preguntas que nos calan, porque son del presente: ¿qué es lo más importante para mí? ¿Qué me seduce y me hace vibrar de verdad?
Durante la reflexión todo nos desafiaba. La hermana Geraldina nos ha animado a escuchar esa voz silenciosa que nos habita. Todo se centraba en nuestras prioridades, ¿en qué página de nuestra vida está grabado lo esencial? Sabiendo que el proceso formativo es continuo y dinámico, nos preguntamos cómo sentimos y vivimos este dinamismo. ¿Es un dinamismo que mantiene nuestros corazones ardiendo y los pies en movimiento? Cabe recordar que somos el resultado del dinamismo de un hombre —Ramón Zubieta— y una mujer —Ascensin Nicol— que hicieron historia. Estamos en una etapa favorable, creemos en la fuerza del tesoro que llevamos dentro y que nos impulsa a abrir nuevos horizontes. El camino es nuestro, ¡es ahora o nunca!
Sentimos el llamado de Jesús cada vez más concreto: dejarnos enamorar de la misión y la teología. Es hora de gastar energías y recursos espirituales, para convertir la formación en una oportunidad de conversión y transformación. Porque el mundo clama por testimonio y exige de nosotras nuevos estilos de comunidad y misión. Es urgente centralizar la vida en lo esencial, cuidar nuestra interioridad e identidad como mujeres consagradas; revitalizar nuestros sueños misioneros, audacia para ponerse en camino, para descubrir la sed que nos lleva hacia la fuente. Pues ya no vivimos solo de los otros nos han contado o hemos oído, sino que experimentamos y contemplamos, Y nadie puede quitárselo. Que transmitimos a otros, a medida que seguimos nuestro camino, lo que otrora nos fue revelado en secreto.
En los grupos de trabajo, el “sexto sentido” habló más alto: el cuidado. Nuestra vida, nuestras relaciones necesitan atención de calidad y humanidad. Un cuidado que surge de la profunda experiencia de sentirnos cuidadas por nuestro primer amor. Necesitamos revisar nuestras formas de cuidar cada pilar de nuestra vida, para descubrir en qué niveles clama el Espíritu.
Se nos ha revelado un don, el de ser mujeres líderes, llamadas a un liderazgo sinodal que inspira, fertiliza, congrega y transforma. Este espíritu es urgente en nuestras comunidades. Al fin y al cabo, formamos parte de la generación puente, con el poder de crear lazos, conectar, unirnos y ganar. Pero esta identidad debe alimentarse con la llama de la interdependencia, como era visible en nuestros fundadores.
Nuestros corazones estaban en sintonía en esta formación, ardiendo por los mismos ideales, que nos motivaban a soñar juntas. Un sueño que nos lleva a aferrarnos a lo que da vitalidad, a lo que hace fructífera nuestra vida y misión y fertiliza nuestras relaciones sororales. Los discípulos de Emaús, tras reconocer a Jesús, sintieron que sus corazones ardían y decidieron marcharse para compartir esta experiencia con otros, ahora nos toca a nosotras, aquí y ahora. Queremos hacer realidad este sueño misionero, un compromiso con la “predicación itinerante”, en la que daremos conocer nuestra espiritualidad dominicana y compartiremos las exhortaciones “Laudato Si” del Papa Francisco y “Dilexi Te” del Papa Leão XIV, en las periferias existenciales, culturales y geográficas de nuestra diócesis.
Llevamos una profunda gratitud a Dios por las buenas noticias que nos llegó a través de la hermana Geraldina, el hecho de que somos mujeres de nuestro tiempo y nuestra convicción es mayor, nuestra sed es segura, lo que mantiene nuestros corazones ardiendo y nuestros pies en el camino… Así que no tememos porque Él vive, se queda con nosotras y podemos creer en nuestros sueños, creer en el mañana…
Hermanas Beleza, Antónia, Clara, Juleca, Rafaela e Saquina
Quelimane, Mozambique
