A la mesa con Domingo…

Me gusta sentarme en tu mesa.
Ser parte de tu familia.
Me encanta la horizontalidad
de tu alegría,
La circularidad diversa de tu fraternidad.
La hospitalidad cálida de tu palabra.
La luminosidad honda de tu mirada
La amplitud de tu corazón espacioso
e inclusivo.
Tu predicación entretejida con
los hilos de la compasión.
Tu sed del Dios de los caminos,
de tus noches y tus días.
El manantial siempre nuevo
de tu sabiduría compartida
Me gustan
Tus manos libres y liberadoras
que dispersan el trigo para curar
a la humanidad herida.
Tus pies peregrinos, acompasados
al latir del hermano, de la hermana.
Tus entrañas maternas que sintonizaron
con las mujeres y dieron amplitud a su voz.
Tu corazón generoso,
que se desprende de sus libros,
para que los pobres tengan vida.
Gracias Domingo
por invitarnos a tu mesa
que nos vincula y renueva nuestra predicación.
Que sepamos gestar espacios de humanización,
de tiempo regalado, de búsqueda conjunta.
Que la antorcha de tu vida nos encienda
para pregonar la esperanza y la bondad de Dios.
Amén.

(Jacqueline Sothers, MDR)

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