Mi experiencia de maestra

La experiencia maravillosa como maestra en la Institución Educativa “Santa Rosa” de la ciudad de Puno, ubicada a 3824 metros sobre el nivel del mar, en el sur de Perú, constituye un hito en mi vida personal, profesional y misionera, parafraseando las palabras de Madre Ascensión “Nunca me he sentido tan cerca de Dios como en mis dieciséis meses de montaña”. Desde esta altitud, abracé el proyecto educativo “Educar desde la vida para la vida” como la consolidación de mi vocación misionera y profesional, el servicio a las personas más necesitadas (Altiplano) donde la Iglesia y mi Patria más necesita. El proyecto tiene una tendencia humanista liberadora enraizada en la opción por el pobre y la opción por la formación de la mujer, tomando como punto referencial la potencialidad del que son capaces los pobres y las mujeres. De hecho, en el curso de los acontecimientos históricos que se dieron en la ciudad de Puno, fueron evidentes el protagonismo de la mujer puneña en la Iglesia Surandina y en la sociedad civil.

El proyecto educativo encarnó una visión compartida de educar y formar a la mujer potenciando las capacidades y habilidades que afloran desde su esencia femenina como el reconocimiento de su dignidad no sólo desde la concepción cristiana, sino desde la conquista de sus derechos y empoderamiento en los distintos ámbitos de la sociedad. Partir de las potencialidades de la mujer, en su condición pobre y excluida, era y es una invitación de apuesta por la vida y no cualquier vida que case con el statuo quo de la sociedad y de los intereses mezquinos nacionales e internacionales que se empeñan en considerarla como ciudadana de segunda categoría. Nuestra apuesta educativa y evangélica desde la vocación docente, ha sido una opción por la vida, porque el Maestro Jesús nos recuerda que somos llamadas a la vida, porque Él mismo ha venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia (Jn. 10. 10).

Desde el ámbito educativo, específicamente desde “Santa Rosa” el proyecto educativo animado por el pensamiento de la Beata Ascensión Nicol Goñi “No basta hacer el bien sino hacerlo bien”,  como práctica de nuestra vida profesional exigido por los estándares de una educación de calidad, como puntos de referencia para alcanzar la formación integral y sólida de la mujer en las mejores condiciones, nos embarcamos y seguimos en el empeño de contribuir “a hacer felices a los seres que en mutua unión han de vivir conmigo…” y “ver felices a los que amo…” En definitiva, educar y formar a la mujer es la gestación de un nuevo proyecto de familia con nuevas relaciones de género con equidad y responsabilidad compartida, apostamos por un proyecto de sociedad justa y democrática que ha de plasmarse en la convivencia de “mutua unión” que necesitamos para dignificar a la persona. Tal era la visión del rol de la mujer “porque educáis a la mujer, base de la familia y de la sociedad” por Monseñor Ramón Zubieta y Les compartida con Madre Ascensión Nicol.

Esta ha sido una de las intuiciones proféticas, la educación de la mujer especialmente desde las zonas más olvidadas sin “encogerse y empequeñecerse ante la dificultades que en el camino se atraviesan, (porque) es propio de almas raquíticas” Bien sabía nuestra Madre como las hermanas que vivieron su discipulado con mística y pasión en la acción educativa y pastoral social en contextos cruciales, donde la vida estaba en peligro inminente por el terrorismo de Sendero Luminoso y las políticas represivas de los gobiernos, entregaron la vida por la vida plena palmo a palmo, sin tregua ni descanso, sin evasivas ni recompensas, pues “aquí se necesitaban espíritus (de hermanas) bien templados, amantes del sacrifico, pues quien no tiene esto, más bien que una ayuda es una rémora para la obra” , lo sabían y lo saben las hermanas que vivieron con alegría y entrega incondicional el discipulado, a prueba de todo, tanto en el espacio educativo del Colegio “Santa Rosa” como en la misión y acción pastoral de la Iglesia Surandina que acompañó al pueblo puneño.

A decir verdad, la tarea educativa no se limitaba a los claustros de la institución educativa, sino la exigencia de poner en práctica lo aprendido con compromisos claros en el servicio a los hermanos y hermanas que más necesitaban, tan actual como lo es, en el contexto actual. Las circunstancias sociopolíticas demandaban entonces y ahora una educación, desde el ámbito formal e informal, liberador y transformador con horizontes amplios del que es posible el despliegue de la esencia de la mujer, partiendo de sus potencialidades, rehusándonos a la acentuación de su condición vulnerable de mujer marginada y discriminada. En esta perspectiva se plasmaron las políticas educativas institucionales de “Santa Rosa” con los rasgos de la espiritualidad dominicana dándole vitalidad esencial al estudio permanente mejorando el nivel de formación ética y pedagógica de los maestros y maestras, donde el gasto público era mínimo,  incluso antes de las políticas de formación docente impulsadas hoy por las instancias gubernamentales; el trabajo en equipo y corresponsabilidad en el ejercicio docente desde los niveles de dirección como en el trabajo pedagógico en las aulas con liderazgo transformacional de los laicos y laicas que plasmaron sus aspiraciones personales y profesionales haciendo bien el ministerio de educar para “hacer felices” a las personas. El carisma del profesorado se refleja en la dedicación y servicio a la formación y desarrollo integral de la mujer y el progreso de nuestra sociedad.

Siento que, durante este tiempo de permanencia en “Santa Rosa” sumado a los esfuerzos de los profesores y profesoras, soy portadora de la aspiración de Madre Ascensión Nicol, vivenciada y hecho realidad tanto por la comunidad educativa como por las generaciones de mujeres que hoy, hacen historia en el umbral de los nuevos tiempos. No hay nada más gratificante, como dice Ascensión Nicol, que “la medida de la generosidad de una persona (…) es a la vez la medida de la felicidad” que viví con pasión porque el Espíritu Creador de Dios trasciende más allá de la presencia de la Congregación y los continuadores son los laicos y laicas que hacen válido para hoy y para el futuro la opción por la mujer desde una educación liberadora y transformador.

Hilda Aimituma

Puno, Perú.

 

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